11-03-2021

Vacunas para coronavirus: las jeringas también importan (y mucho)

En varios países se han desperdiciado miles de dosis de la vacuna de Pfizer por no utilizar las cánulas adecuadas. Parte de la culpa la tuvo la multinacional por advertir tarde que sus frascos tenían seis dosis y no cinco, como aseguraron en un principio. Para aprovecharlas , sin embargo, hay que evitar al máximo cualquier desperdicio. ¿Colombia lo está haciendo?

 Antes de empezar a leer este artículo, lo primero que debe hacer es darle una mirada a la siguiente imagen. En ella puede observar cinco tipos de jeringas que se usan con frecuencia en el mundo médico. Sus diferencias son apenas perceptibles, pero notará que en todas varía la “cantidad” de color amarillo. Eso equivale al líquido que suele quedarse atrapado en la jeringa y en la aguja luego de que un medicamento (o una vacuna) es inyectado a un paciente. Los farmacéuticos lo llaman el “volumen” o “espacio muerto”. Lo que queda allí, simplemente, no puede ser administrado y debe ser desechado.

Como tal vez se está imaginando, se trata de una cantidad difícil de capturar para el ojo humano; es casi insignificante. No valdría la pena hablar de ella si no estuviéramos en una pandemia, en la que todos los habitantes del planeta necesitan ser vacunados y en la que acceder a una dosis es casi un privilegio. Como le explicó hace unas semanas a Bloomberg Bruce Gellin, exdirector de la Oficina del Programa Nacional de Vacunas en el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU, basta con pensar que estamos en un gran incendio. Cada gota de agua es importante para combatirlo y debe ser usada estratégicamente y lo más rápido posible.

Eso mismo sucede con las vacunas contra el COVID-19. Con la de Pfizer, para ser precisos, que es de la que hablaremos en los siguientes párrafos. Las “gotas” que quedan atrapadas entre la aguja y la jeringa pueden significar una gran diferencia. En Cataluña (España), por ese detalle, se desperdiciaron unas 10 mil dosis y unos cientos más en otras ciudades. En Reino Unido -aunque la cifra no es precisa- también hubo desperdicios. Algo similar pasó en Estados Unidos, en donde Joe Biden, en su segundo día como presidente, tuvo que tomar medidas urgentes: declaró como un problema prioritario la falta de jeringas que permitieran evitar esa pérdida. En otras palabras, que tuvieran un muy bajo “espacio muerto”.

¿Cómo esos países no previeron esos pormenores? ¿Por qué de unas solo unas gotas dependen miles de dosis? ¿Puede estar sucediendo lo mismo en Colombia? Para responder esos interrogantes, primero hay que repasar brevemente algunas especificaciones de la vacuna de Pfizer. Para poder administrarla, el reto no solo ha consistido en mantener una cadena de frío de -70º C, sino calcular muy bien pequeños detalles.

El “pequeño detalle”

Cuenta el periódico The New York Times que a mediados de diciembre los médicos de Northwell Health, en Nueva York, se sorprendieron al ver que en los viales (los frascos) en los que venía la vacuna de Pfizer se podían extraer seis dosis y no cinco, como lo señalaba la etiqueta. Su reacción, al comprobar esa buena noticia, fue llamar a la FDA (el Invima de Estados Unidos) para que les indicaran qué debían hacer. ¿Podían aplicar esa dosis extra? La FDA no tenía la respuesta a la mano, pero tras discutirlo con la multinacional emitió un comunicado días después: “Dada la emergencia de salud pública, la FDA aconseja que sea aceptable usar todas las dosis completas que se puedan obtener de cada vial. La sexta, o incluso la séptima”.

En Europa estaba sucediendo algo similar. Los primeros días de enero de 2021, también hizo una publicación actualizando los datos de la vacuna de Pfizer. En ella señalaba que se podían extraer seis dosis, no cinco. Solo había un requisito para lograrlo con precisión: se debían usar jeringas y agujas que garantizaran un espacio muerto muy, muy bajo, menor a 0,035 mililitros (mL).

Entonces, los gobiernos que ya habían recibido vacunas de Pfizer no tuvieron otra alternativa que cambiar intempestivamente sus planes. La ecuación era sencilla: si cada vial tenía una dosis extra, eso les permitiría acelerar la vacunación.

Pero encontrar ese tipo de jeringas en el mercado no parecía un asunto fácil de resolver. Usualmente son utilizadas para suministrar medicinas a pacientes específicos: quienes tienen cáncer, por ejemplo, o quienes reciben medicamentos de alto costo. Becton Dickinson, uno de los gigantes globales de dispositivos médicos, advirtió el desafío apenas se empezó a discutir el asunto. “Las jeringas de bajo espacio muerto son productos de nicho y ha habido tradicionalmente una mínima demanda de mercado basada en las necesidades de los proveedores de atención sanitaria”, dijo a AFP Troy Kirkpatrick, vocero de la compañía en EE. UU. “Tenemos una capacidad de producción limitada”

Una fracción hace la diferencia

Cada vez que algún químico farmacéutico de algún hospital recibe dosis de Pfizer, lo que llega a sus manos son viales (frasquitos) con 0,45 mililitros de vacuna. Para poder administrarlos a un paciente debe diluirlos con 1,8 mililitros de cloruro de sodio. Sin entrar en los detalles técnicos del manejo apropiado de la temperatura, la suma de esas cifras es igual a 2,25 mililitros. Para que se haga una idea, esa cantidad es, más o menos, lo que cabe en media cucharadita para mezclar el café.

Esos 2,25 ml son en realidad varias dosis, pues cada pinchazo que recibe un paciente solo tiene 0,3 ml. ¿Quiere decir eso que de cada vial se pueden extraer 7,5 dosis? No. Todo medicamento que viene en esa presentación trae un excedente, porque es normal que se desperdicien algunas gotas en el proceso de adecuación. Como apunta Ángela Caro, presidenta de la Asociación Colombiana de Farmacovigilancia, eso puede suceder por la sencilla razón de que “somos humanos”.

¿En alguno de esos casos tuvo algo que ver el volumen muerto? También es imposible saberlo. Blanca Restrepo, que maneja el Programa Ampliado de Inmunizaciones en Antioquia, explica que, pese a estar usando las jeringas convencionales que han utilizado en todos estos años para vacunar, no han tenido ningún inconveniente. “De 140 mil jeringas, solo hemos detectado algún problema en dos. De resto, sirven a la perfección”.

En Cali, por poner otro ejemplo, la Secretaría de Salud había aplicado 5.145 dosis al 24 de febrero. Solo, aseguraron en un comunicado, se perdieron 39 de ellas, un porcentaje muy bajo. ¿Cuál el motivo de la pérdida? En esta ocasión, señalaron, se echaron a perder por el espacio muerto.

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